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Uso racional de los antibióticos

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El 18 de noviembre se celebra el Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos. Es un tema de gran importancia a nivel comunitario y por eso hemos decidido hacer una entrada especial en el blog para explicarte por qué.

 

Durante siglos, la lucha contra las bacterias ha sido una de las principales preocupaciones de la humanidad. Algunos ejemplos han sido la mortalidad masiva que causó la Peste Negra o las altas cifras de bajas causadas por infecciones en las guerras que, muchas veces, superaban en número incluso a las muertes por herida de bala. ¿Y por qué hablamos de las guerras? Porque fueron la causa de que, durante el siglo pasado, se invirtiera una gran cantidad de recursos para encontrar fármacos que nos permitieran combatir las infecciones. 

Fruto de estas inversiones surgieron antibióticos tan conocidos como la penicilina, que revolucionó la lucha contra las bacterias hasta el punto de permitirnos despreocuparnos completamente de ellas durante prácticamente un siglo.

Durante las últimas décadas del siglo XX, la Industria Farmacéutica amplió y afianzó el arsenal terapéutico para estos patógenos. No obstante, debido a la baja rentabilidad económica que proporcionan estos fármacos y al auge de otras enfermedades más complejas que implican tratamientos crónicos y costosos, las industrias han ido dejando de lado este problema para centrarse en estudiar estas otras enfermedades.

La relación que mantiene el ser humano con las bacterias se podría considerar una carrera de fondo. Gracias a nuestros esfuerzos previos hemos podido estar tranquilos durante mucho tiempo, pero la constante evolución que experimentan las bacterias, y su alta capacidad de supervivencia, les han otorgado a algunas de ellas habilidad de resistir a prácticamente todos los tratamientos que tenemos disponibles. Esto se debe a que, cuando una misma bacteria está expuesta constantemente al mismo antibiótico, acaba desarrollando la capacidad de reconocerlo y destruirlo antes de que este pueda hacer efecto. Además, las bacterias pueden “compartir información” con otras bacterias, es decir, pasarles sus resistencias a determinados antibióticos, aunque estas no hayan estado en contacto con ellos.

Estamos en un punto suficientemente crítico como para tener que hablar de pacientes infectados con bacterias para las que no tenemos un tratamiento efectivo.

¿Y qué podemos hacer para evitar esto? Sigue estos sencillos pasos:

  1. No te automediques. Utiliza antibióticos solamente bajo prescripción médica. De esta manera estaremos seguros de que el tratamiento es el adecuado.
  2. Si te sobran antibióticos de un tratamiento, tráelos al punto Sigre de la farmacia. No los guardes para la próxima vez.
  3. Los antibióticos no curan infecciones víricas. Por lo tanto, no se pueden utilizar ni para catarros, ni para gripes. La sintomatología puede ser similar a la de una infección de garganta, pero si es tu caso, consúltalo siempre con tu médico.
  4. No presiones a tu farmacia para que te venda un antibiótico sin receta. Recuerda que el personal de tu farmacia somos profesionales de la salud y no queremos fomentar la problemática de las resistencias bacterianas. Además, que en algún momento de tu vida te hayan prescrito un antibiótico para una condición concreta no quiere decir que cada vez que notes los mismos síntomas tengas que tomar el mismo antibiótico (de hecho, puede ser indicativo de que ese antibiótico no te ha hecho efecto y que tienes que cambiar de fármaco).
  5. No presiones a tu médico o dentista para que te prescriba un antibiótico. Confía siempre en su criterio diagnóstico.
  6. No recomiendes antibióticos si no eres profesional sanitario autorizado para la prescripción, ni compartas tus antibióticos con otras personas porque pienses que puedan tener la misma sintomatología que tú.

 

Recuerda que las resistencias bacterianas son un tema que nos influye globalmente, pero que, siendo conscientes del problema y poniendo nuestro granito de arena, podremos evitar un mal mayor.